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Desde antes incluso de su implantación, muchos han sido los detractores que se han manifestado en contra de la asignatura “Educación para la ciudadanía”. El Tribunal Supremo falló hace unos meses tumbando la objeción de conciencia a esta asignatura, pero aún así no han cesado las críticas por parte de los sectores más conservadores de este país. Unos se niegan a aceptar la resolución del Tribunal; otros, resignados, empiezan a plantearse la posibilidad de que esta materia sea simplemente optativa. Y no entiendo el por qué de estas protestas. Insisten en decir que “EpC” es una medida del gobierno socialista para adoctrinar a los jóvenes… y, otra excusa que me hace mucha gracia, que “quien tiene que enseñar a sus hijos son sus familias y no el Estado”. Realmente sería lo suyo, que los padres fomentaran a sus hijos los valores de igualdad, respeto, tolerancia. Pero sucede que no siempre es así, y es entonces cuando el Estado debe intervenir, con el fin de formar a los jóvenes en sus obligaciones como ciudadanos.
Si, por ejemplo, un padre le dice a su hijo que las mujeres son inferiores a los hombres, o que los homosexuales no tienen derechos, ¿debemos dejar que el chaval se quede así, con esa mentalidad que su padre le pretende imponer? Creo que la respuesta es evidente; NO. Entonces, ¿qué hay de malo en que una asignatura como Epc intente “subsanar” las deficiencias que algunos hijos pueden sufrir en su educación familiar?
No veo el problema de que se estudien los derechos humanos, la constitución, los valores de no discriminación por razones de sexo, raza, orientación sexual o capacidad adquisitiva; en definitiva, el fomento de la igualdad de las personas. Y es que empiezo a cansarme de que los representantes de la derecha más radical de Europa (sí sí, los mismos que se definen como “de centro reformista”) critiquen sin argumentos y se llenen la boca con la palabra “adoctrinamiento”. Parece que el concepto de “oposición” lo tienen muy asumido, tanto que se oponen a cualquier medida…
El Artículo 27 de la Constitución Española recoge que “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. ¿No será que estos señores y señoras que están en contra de esta asignatura no creen realmente en estos derechos y libertades fundamentales? ¿Será que no creen en la igualdad de todos los individuos? Principios democráticos de convivencia… ¿acaso esta materia no pretende fomentar el respeto de estos principios básicos?
Creo que con esta asignatura se pretende informar para crear personas críticas con capacidad de opinión, que sean partícipes de esta sociedad a veces tan injusta en la que convivimos personas tan diferentes, las cuales merecemos un trato digno y, sobre todo, ser respetadas.
Me pregunto qué será ahora de estas propuestas y proyectos en Europa con la ultraderecha teniendo esa mayoría en el Parlamento. De verdad que no entiendo que en pleno siglo XXI todavía existan grupos políticos con esa clase de propuestas políticas retrógradas y anti-progresistas, y lo peor, que se consideren legítimos.
Educación para la ciudadanía no es adoctrinar, es enseñar a tolerar.
Mª Ángeles Guerrero Mestre
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